domingo, 10 de febrero de 2013

Abuelos y cuidadores

Con las manos envejecidas por el paso del tiempo, la mirada cargada de años y el corazón lleno de recuerdos viven nuestros mayores. Esas personas que muchas veces no valoramos y sólo cuando se van lamentamos su ausencia.
Vivimos en una sociedad que piensa que solicitar una plaza en una residencia para uno de nuestros abuelos es una auténtica crueldad, un abandono de esa persona simplemente por comodidad. Sin embargo, la mayor parte de las personas que piden que sus mayores sean acogidos en estas residencias, no lo hacen por comodidad, por egoísmo sino todo lo contrario. Generalmente, se hace para ayudar al abuelo, ese que ha cuidado de ti cuando eras pequeño, que te ha llevado al colegio, que te visitaba en el patio, que te enseñó a vivir, que te hizo partícipe de su vida a través de sus recuerdos...Esa persona, a la que hoy no puedes suministrar las atenciones que necesita pues no estás capacitado para ello.
Debo confesar que durante años he sido muy crítica con el hecho de 'dejar' a los abuelos en estos lugares, pero llegado el caso he podido comprobar de primera mano como las personas que trabajan ahí cuidan y aprecian a los mayores que residen en esos cuartos repletos de fotos de sus familias, fotos que detienen el tiempo en momentos que su mente jamás olvidará.
No debemos juzgar pues los motivos para acudir a una residencia de ancianos, debemos examinar nuestras conciencias y preguntarnos si quienes lo hacemos mal somos los familiares, no por llevarles a estos hogares sino por no acudir más a visitarlos. Que tu abuelo esté ahí no significa que te tengas que olvidar de él, sigue vivo y en él su amor por ti. Es el mismo que te llevaba al parque, que jugaba contigo, es la misma abuela que te cocinaba tus comidas preferidas, las que secaba tus lágrimas cuando por portarte mal tus padres te reñían. No, no es cruel llevarles a un asilo lo cruel es olvidarte de ellos. Pensar que ya no tienes nada que ver, que no se acuerdan de ti y por lo tanto no tienes responsabilidad. Sí, la tienes pues cuando se vaya sentirás que has perdido una gran parte de vida.
Pido perdón por haber juzgado a los trabajadores de estos hogares, pues aunque es cierto que no todos tienen los mismos valores morales, si es verdad que la mayoría se entregan por ellos. Les agradezco las atenciones, los cuidados, la paciencia que tienen con cada uno de nuestros abuelos que acaban siendo, en ocasiones, sus abuelos.
Gracias por cuidar de la persona que me enseñó a vivir y que siempre me repetía aquello con lo que siempre me despido, ¡Buena Suerte!

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