jueves, 31 de enero de 2013

La cosa se pone fea

Ayer nuestro maltrecho país se levantaba con un golpe más, los supuestos pagos ilegales que Barcenas habría realizado a varios integrantes del Partido Popular, entre ellos al propio Presidente del Gobierno. Asistimos con desánimo, impotencia e incredulidad a todo lo que últimamente está ocurriendo en la política española, sin que realmente sepamos muy bien qué hacer a parte de ejercer nuestro derecho a la huelga. Sin embargo, la situación cada vez empeora más y parece que nuestros políticos no se dan cuenta de que su pueblo se ahoga sin ninguna ayuda para salir de esta penosa situación. Muy pocas personas creen ya en la clase política, muchos se preguntan a quién votarían si ahora hubiese elecciones, porque ya no se fían de ningún partido y esto es peligroso. Peligroso, porque la confianza en la política y sus integrantes, así como nuestro derecho a ejercer el voto son principios fundamentales para que una democracia funcione.
Los ánimos de la sociedad cada vez están más caldeados, cada vez hay más manifestaciones, más huelgas, pero también más derechos y principios rectores recortados.Muchos confían en que la salvación a todas estas privaciones sería la modificación de la Constitución que puede haber quedado anticuada. Personalmente, considero innecesaria una revisión total de nuestra carta magna aunque debo decir que necesita algunas modificaciones como el hecho de que la vivienda no sea un objetivo a conseguir por el Gobierno para el bienestar de sus ciudadanos, lo que se llama un principio rector, sino que debería ser un derecho fundamental apelable al Tribunal Constitucional si se vulnera.
Pero eso mejor se lo dejamos a los juristas. Con mis palabras elevo la voz dormida para intentar que Rajoy y su gobierno habrán los ojos ante la situación de urgente necesidad del país. No hay nada peor que un pueblo desilusionado, desconfiado. Hoy muchas personas mayores se preguntan por qué, por qué les quitan sus casas por avalarlas a sus hijos, por qué estos no tienen trabajo, por qué son ellos con su pensión los que tienen que dar de comer a sus nietos, por qué después de toda una vida trabajando honradamente ven derrumbarse lo que hace años construyeron, por qué tendrán que pagar cuando estén enfermos o sus nietos tendrán que pagar por estudiar. Contemplan con miedo y tristeza un panorama que cada vez se torna más oscuro para las generaciones futuras.
Tengamos esperanza y confiemos en que esto cambie pronto. ¡Buena Suerte!

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