La competitividad es una de las constantes con las que tenemos que lidiar día a día. Nos dicen que el ser humano es egoísta por naturaleza, que para llegar lejos debes pisar a quién sea, jugar sucio, no importa cómo ni dónde, sólo importas tú.
Cuando alguien triunfa el pensamiento generalizado es que ha sido gracias a mantener una relación con alguien, pero no pensamos en el esfuerzo de esa persona.
¿Cuántas amistades han quedado en el camino por culpa de ese sinsentido egoista? Despiertan nuestros celos notas más altas, puesto mejores, sueldos más altos... y cuando nos queremos dar cuenta, hemos perdido grandes amigos.
Realmente, ¿todo vales para triunfar? Mi opinión es que no. Que nos digan que somos egoistas no significa que lo seamos. Prefiero pensar en la bondad humana, en ese sentido leal de la amistad, en que un amigo siempre estará y lo demás, como decía la canción, está demás.
Es obvio que tiene que haber competitividad, pero es mejor ir de frente, jugar tus cartas de manera humilde que pisar el esfuerzo de otros para sentirte bien.
Me quedo con la amistad, la que nunca falla, la que siempre está, porque es posible triunfar sin ser egoista, sin humillar.
¡Buena Suerte!
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